Una agitada y moderna vida nocturna sólo llegó al Cusco con los turistas.
Para ellos, hacia mediados de los años setenta, se abrieron los primeros locales: el Abraxas y el Hatuchay, ambos en la Plaza de Armas.
Al poco tiempo, los propios cusqueños, con la imaginación avivada por las historias que corrían de boca en boca, se fueron animando a enfrentar el frío nocturno que los mantenía enclaustrados en sus casas y fueron descubriendo que, de noche, las personas tenemos más facilidad para acercarnos unos a otras venciendo las barreras sociales, culturales y hasta idiomáticas |