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MICAELA BASTIDAS PUYUCAHUA


La historia ha confirmado en sus páginas como la abanderada de la emancipación a una de sus hijas revolucionarias de aquel entonces que hizo sofocar llamas del odiadísimo obraje español que había extendido sus raíces dañinas en el vasto territorio del Tawantinsuyo y ella es Micaela Bastidas.
Se asegura como posible fecha de su nacimiento el 24 de Junio de 1745 en el actual distrito de Tamburco, capital del antiguo corregimiento de Abancay, departamento de Apurímac, pero hasta ahora no ha sido encontrada su partida de bautizo,. Fue descendiente directa de un tronco paternalmente español don Manuel Bastidas y de una indígena netamente chanka doña Josefa Puyucahua, oriunda del paraje obligado de los viajeros (Tampo Orqo).
Como toda hija ilegítima de padre español, permaneció al cuidado de su madre que soportaba las injusticias de aquellos tiempos, cometidos contra sus hermanos los indígenas. A medida que iba creciendo Micaela, el tiempo parecía que se agonizaba debido a las duras explotaciones de los españoles. Fue ella la última de los descendientes de la conjunción de esas dos razas que contemplaba de cerca los quebrantos y sufrimientos de su madre ante la ausencia de su hermano Antonio.
Aún el tiempo parecía haber entrado en un prolongado letargo y la naturaleza tendía su pincelado paisaje en el hermoso y productivo valle de Tamburco. Más ella como mujer de nobles principios sentía correr en sus venas la sangre indígena y española, saturadas de inquietudes y efectiva grandeza de libertad.
Durante sus travesías de alto funcionario en el virreinato del Perú Manuel Bastidas tuvo que repasar por aquellas tierras, descansando en repetidas oportunidades en su precaria residencia hasta que se dio cuenta de la habilidad e inteligencia de su hija que vivía con su madre en las faldas del Ampay sin instrucción alguna.
Ante el intento de recoger a su hija para darle instrucción doña Josefa Puyucahua tuvo que resistirse como todas las madres, teniendo como pretexto el estar abandonada, cediendo a la insistencia, el viaje de Micaela hacia la ciudad del Cusco cuando apenas contaba con ocho años de edad.
En Junio de 1753, la futura heroina se encaminaba por el serpenteante camino de Qerapata y ante la mirada sollozante y triste de su madre, que había impedido desde el principio la salida de su hija a lugares extraños, tal vez vaticinando las posteriores consecuencias a que iba a ser sometida en 1781.
Establecida en la residencia de su padre en el pueblo de Pampamarca a donde había sido destacado. Micaela fue entregada a las órdenes de la dama española María Adelaida de Béjar, que había sido contratada para brindarle una exquisita educación. Por el lapso de varios años la ilustre profesora castellana tomó la dirección de educar a su patrocinada que por entonces ya contaba con doce años de edad, mientras la educanda se saturaba cada vez más de amplios conocimientos de la vida social, cultural y política de los pueblos.
Para muchos historiadores Micaela Bastidas fue analfabeta y que apenas sabía dibujar su nombre, más otros afirman que las numerosas cartas y órdenes, pasaportes y bandos, los hacia escribir con sus secretarios, pero en el Museo de la historia de Lima existe un documento con la firma de la mártir. Letra pequeña de finos rasgos, con la que escribía continuamente a su esposo o comisionaba a sus capitanes.
Además del idioma castizo, Micaela Bastidas hablaba perfectamente el Kechwa, que la utilizó en sus arengas del ejército patriota en ocasiones propicias y en cuanto a su vestimenta usaba adornos personales, como el peinado de su cabellera que era largo en trenzas.
Seguía arrastrándose lentamente la vida en este siglo y los días parecían aún eternos ante los duros castigos de los “Chapetones” y en el alma de Micaela se anidaba las ansias de justicia. Aún el soplo de la existencia quería decir algo y tras de ello la triste noticia del fallecimiento de su madre en las entrañas del ande apurimeño acaecido en 1758 cuando ya ella tenía trece años.
También el típico paisaje de la abrupta pradera serrana, envidiaba su extraña belleza de formas muy desarrolladas y más notables por su hermosura como dice Mendiburu, pues “ tenía la frente alta y ancha como la serenidad del mar, los ojos negros como una noche serrana, nariz aguileña, labios gruesos, la cabellera larga negra extendida en la espalda...” añade Juan de la Cruz Salas.
Como el ocaso de los hombres y mujeres está escrito, a la edad de catorce años once meses y un día contrae matrimonio el 25 de Mayo de 1760 con el cacique de Surimana, José Gabriel Condorcanqui Noguera, conocido más como Tupac Amaru II, en la iglesia de dicho pueblo, siendo sus padrinos don Andrés Noguera y doña Martina Oquendo López de Sosa, conforme a la partida de matrimonio trasunta.
“Españoles.- Joseph Tupac Amaru soltero con Micaela Bastidas.- Dios.. Año 1760.- En el pueblo de Surimana en Veinte y cinco Días del ... mes de Mayo de mil setecientos sesenta años. Habiéndose publicado las tres amonestaciones dispuestas por el Sto. Concilio Trento en los tres Días Festivos a horas de Misa Mayor. Y no habiendo resultado impedimento alguno canónico. Y precediendo el mutuo consentimiento de los Contrayentes Yo el Dr. Dn. Antonio López de Sosa cura y vicario de este pueblo. Casé y bendije que hacen verdadero y legítimo matrimonio según orden de Nra.Sta. Madre Iglesia a Joseph Tupac Amaru soltero hijo legítimo de Dn. Miguel Tupac Amaru y Rosa Noguera con Micaela Bastidas soltera hija Natural de Dn. Manuel Bastidas y de Josepha Puyucahua españoles de este Pueblo.
De este matrimonio nacieron tres hijos: un año de casados, en 1761 el primogénito Hipólito. Al siguiente año el 17 de septiembre de 1762 nace en Tungasuca, Mariano; siendo su padrino el párroco de Pampamarca Antonio López de Sosa. Luego después de ocho años de matrimonio, nace Fernando el último hijo, el 3 de Julio de 1768, siendo bautizado el 3 de Abril de 1769 en el pueblo de su nacimiento, y fueron sus padrinos Andrés Noguera y Michaela Capactinta.
Muchos años residieron los esposos Condorcanqui-Bastidas, en el pueblo de Pampamarca, donde José Gabriel reclamaba el reconocimiento oficial como cacique obteniendo el título de tal y una herencia de 70 piaras de mula (350 animales) con el cual se ganó el mote de “arriero”. Durante quince años se dedicaron al transporte de mercaderías habiendo llegado en estas travesías hasta las ciudades de Tucumán en Argentina y la Paz en Bolivia.
Mientras su marido se ocupaba en sus andanzas de arriero, uniendo los pueblos del Perú con las actuales Repúblicas de Bolivia y Argentina, doña Micaela se concretaba el cuidado de su hogar desplegando con bastante celo su tarea de mujer. La vida marital que llevó fue poco conocida antes del levantamiento, pero si de bastante respeto por la posesión económica, social y cultural; colmada fue el cariño que se tenían ambos, por ahí Tupac Amaru respondía al apelativo de “Chepe” y ella al de “Mica o “Micaco.
A principios de 1780 se trasladaron a Tinta, para presentar los reclamos por los excesivos atropellos de los corregidores y conseguir la abolición de la esclavitud de los indios, las alcabalas y otros impuestos que pesaban sobre ellos, no habiendo conseguido sus propósitos debido a la injusticia de las autoridades: por ello el caudillo reveló a doña Micaela, querer dar fin a los duros tratos de los españoles más ella, como dueña de una férrea voluntad respondía siempre ”lucharé al lado de mi marido y moriré donde muriese él”.
Cuando estaba por terminar el año de 1780 y agotado todEos los medios de reclamaciones pacíficas y legales, se inició el grito de la rebelión contra el Corregidor de Tinta Antonio de Arriaga que era el más cruel entre las autoridades del virreinato. En estas acciones del levantamiento doña Micaela Bastidas, mantuvo a su cargo la delicada misión de Secretaria del movimiento libertario, luchando con valentía y coraje en esta tarea de aplastar a los españoles.
Tomado prisionero Arriaga en las afueras de Yanaoca el 4 de Noviembre de 1780 por Tupac Amaru, fue conducido a Tungasuca para el ajusticiamiento. Mientras la heroína se trasladaba de Tinta con un numeroso ejército, llegando a Tungasuca el 7 de Noviembre. En aquel lugar en su domicilio y como jefe de la rebelión y pionera del servicio de inteligencia doña Micaela.
Con la ejecución del corregidor Antonio de Arriaga, el viernes 10 de Noviembre de 1780 se inició el levantamiento más grande de la historia peruana y del continente americano. Dado el primer paso de la rebelión justiciera y transcurridos algunos días, vino la batalla de Sangarará que se llevó a cabo al rayar el alba del 18 de noviembre de 1780, donde la fuerza patriótica superior en número de soldados obtuvo un triunfo contundente sobre los realistas que era comandado por el Corregidor Fernando de Cabrera, quien fue muerto en el combate en forma bélica, doña Micaela Bastidas desempeñaba con bastante acierto el cargo de Secretaria de Guerra, suministrando a las tropas alimentos, fusiles, balas, cañones y otros, inculcando a su vez, a los demás patriotas, el espíritu combativo y de libertad.
Al extenderse la campaña libertadora por el sur del Perú doña Micaela había sucedido en la jefatura del Cuartel General de Tungasuca, centro de concentración de las tropas patriotas, habiendo llegado a comandar un ejército de 40 mil hombres reunidos en su mayoría por el sistema de reclutas y catequizaciones y en otros en salarios diarios.
Fue múltiple su actividad dentro del proceso del levantamiento, entre ellos la formación del famoso “Consejo de las Cinco” que consistía en la agrupación de un grupo de hombres y mujeres que asesoraban la revolución. La preparación eficiente y técnica del servicio de inteligencia, espionaje y correo secreto marchaba a las mil maravillas. Además sus ódenes fueron acatados con prontitud y precisión sistematizada, siendo condenados a la pena de muerte los desobedientes. Capitaneaba huestes patriotas toda vez que peligraba la rebelión, velando siempre por la seguridad de los pueblos del que había sido eliminada la autoridad española. Ella presentó la batalla en el puente de Pillpinto, distrito de su nombre, contra los españoles enarbolando la bandera de la victoria.
Viendo conveniente prevenir toda acción del enemigo, doña Micaela con su capacidad organizativa y su coraje de revolucionaria proponía a su esposo seguir sus consejos o decidía ejecutarlo ella misma, incitando al pueblo mediante bando, para su adición a la causa de la emancipación; y mantenía una comunicación estrecha con diferentes partes del Perú a quienes les enviaba las propagandas, exigiendo a su esposo que enviase un comisionado a cortar toda vía favorable al adversario por ofrecer un peligro para los rebeldes, conforme a la carta siguiente.
“Chepe mío: Para conmover a los de Arequipa, es necesario que envíes un propio seguro con los adjuntos carteles para que se enteren de su contexto , y te advierto que sea con la brevedad posible y puedes despachar con otro propio para Pachachaca a cortar el puente cuanto más antes, con la precaución correspondiente. En fin, todo dispondrás como el más entendido ; y si no lo puedes hacer avísame para que yo lo haga sin demora, por que en ésta está el peligro, Dios te guarde muchos años. Hoy, 24 de Noviembre de 1780”. Tu Micaco.
Después de concluir con los preparativos necesarios para el ataque al Cusco, se puso con rumbo a ésta ciudad con un ejército de 60 mil hombres provistos de armas inferiores que el enemigo. En esta campaña doña Micaela conducía por la llanura de Oqoruro 40 cargas de fusiles, lanzas, pólvoras, alimentos y demás materiales de guerra.
Mientras Tupac Amaru sitiaba por los cerros aledaños el 2 de Enero de 1781 al cusco, custodiado por una fuerte defensa militar que dirigía Gabriel Avilés, la heroína acampaba en Yanacocha con un buen número de soldados, cumpliendo a su vez la delicada misión de transporte de armas, abastecimiento y administración de las mismas. Después de siete horas de lucha con bajas desconocidas había quedado indeciso el combate, pero la traición premeditada de los patriotas optaron por retirarse al pueblo de Izcuchaca donde doña Micaela Bastidas trataba de reorganizar su disminuido ejército y dirigirse luego a Tungasuca.
Ante la retirada de los rebeldes, en el Cusco conducía una alegría sin par encabezados por el Obispo Manuel Moscoso y Peralta que andaba repartiendo bendiciones.
Transcurridos más de un mes de ataque al Cusco, el 25 de Febrero de 1781 llegaba a Lima un fuerte contingente de refuerzo para la ciudad imperial encabezados por el visitador Antonio de Areche para reprimir a las tropas rebeldes y arrasar los pueblos de Tinta, Tungasuca y Sangarará, focos del levantamiento. El Mariscal del campo José del Valle fue el que condujo los 17 mil hombres distribuidos en varias compañías, habiendo derrotado a los patriotas comandados por Parvina, Valencia y Bermúdez que los dirigía doña Micaela, el 20 de Marzo de 1781, en el pueblo de Santo Tomás, obligándolos a los cabecillas a replegarse hacia Tinta seguidos de un reducido grupo de hombres y de allí a Langui donde cayeron prisioneros.
La heroína tamburquina fue conducida al Cusco el 14 de Abril de 1781 a donde llegaba con repique de campanas y cargado de gruesas cadenas. Fue sometida a bárbaros castigos por el sanguinario Areche para que delate a sus cómplices no habiendo encontrado respuesta alguna. Se intentó cortarle la lengua lo que también fue vano. Se le aplicó las mordazas más salvajes así como le fracturaron los dedos de las manos en mazmorras especiales.
Sin embargo ningún castigo salvaje a que fue sometida, pudo arrancarle un quejido ni mucho menos alguna palabra que deseaba escuchar el demente Areche.
Antes de la sentencia que fue dictada el 15 de mayo de 1781, se le sometió a juicio sumario por ante el oidor Benito de Mata Linares Juez Supremo.
Recién después de muerta pudieron cortarle la lengua y su cuerpo fue descuartizado, siendo enviado a diferentes lugares del Perú, sus extremidades, mientras su cuerpo ardió en la hoguera preparada para este fin en el cerro Piccho juntamente que de otros sacrificados cuyas cenizas fueron arrojadas al río Watanay.
Así derramó su sangre doña Micaela, para teñir la enseña de la patria que orgullosa flamea en el mástil más alto, entregando su vida al Perú, llena de coraje y valor glorificando el pueblo que la vio nacer.
ISABEL GRANDA LARCO
Brillante compositora. Nació en Cotabambas el 3 de Setiembre de 1920. Fue hija de Don Eduardo Granda San Bartolomé y Doña Isabel Larco. Estudió en el Colegio de los Sagrados Corazones y luego siguió cursos libres en la Universidad Católica (Instituto Femenino de Estudios Superiores). Trabajó como secretaria en una empresa importadora, hasta 1939. Viajó a los Estados Unidos y al volver actuó como demostradora de productos de belleza, hasta 1954. Aquejada entonces por una enfermedad en la garganta, viajó a Alemania en 1956. Ya restablecida, y a manera de pasatiempo se consagró a componer canciones.

AGUSTIN GAMARRA

Nació el 27 de agosto de 1785, en la provincia de Grau. Cabe aclarar que la Provincia de Cotabambas, figura en el decreto del 21 de junio de 1825 formando parte del departamento del Cusco, y por Ley del 28 de abril de 1873, se le agregó al departamento de Apurímac. Luego, por Ley N° 1008 del 4 de noviembre de 1919, cambió de nombre Cotabambas por el de Grau. Entonces, el Mariscal Agustín Gamarra nació en Cotabambas, hoy denominada Provincia de Grau(Apurímac), en el poblado de Pituhuanca, Distrito de Mariscal Gamarra, con su capital Palpacachi. Agustín Gamarra, fue hijo del escribano Don Fernando Gamarra y de Doña Josefa Petrona Messia. Inició sus estudios en el colegio de San Buena Aventura y luego cursó Derecho canónico en San Francisco (Cusco).
Fue soldado distinguido. En 1809, en el ejército del Brigadier don José Manuel de Goyoneche, se encargó de contrarrestar el avance de los independientes de Buenos Aires, en las Provincias del Alto Perú. El Congreso, reunido el 31 de Agosto de 1829, eligió Presidente provisorio al gran Mariscal Don Agustín Gamarra, por un periodo de 4 años, no sin grandes dificultades, habiendo tenido que sofocar en ese lapso 14 revoluciones y se vio obligado a salir varias veces de la capital con el objeto de sofocarlas. El 12 de Setiembre de 1833, se llevó a cabo una convención nacional con el objeto de reformar la constitución y elegir un Presidente Provisorio que reemplace a Gamarra al terminar su período.
Ante ello, Gamarra entregó el mando en Diciembre, con lo que terminó su primer periodo presidencial. Entre los años 1834-1838, fue proclamado Jefe Supremo el Sr. Bermúdez (4 de Enero de 1834). El 24 de Agosto de 1938, Gamarra quedó por segunda vez como Jefe de Estado. Siguió gobernando como Presidente Provisorio, hasta que el Congreso, reunido en Huancayo, le ratificó con el mismo carácter el 15 de agosto de 1839, mientras se sancionaba la nueva constitución. Posteriormente, conforme a ella, fue elegido como Presidente de la República, elevándolo, a la vez, al rango de Generalísimo de sus armas de mar y tierra, por unanimidad, así como por libre y espontánea voluntad de los pueblos.
El segundo período gubernamental del General Gamarra, no estuvo librado de turbaciones como el primero, que fue menos prolongado. En Lima, se tramaron varias conspiraciones que fueron denunciadas. Pero la más seria revolución que amenazó el gobierno de Gamarra, fue la que estalló en Arequipa a principios de 1841, encabezada por el Coronel Don Manuel Ignacio Vivanco y que fue develada por el General Don Ramón Castilla. El 3 de Octubre de 1841, Gamarra atravesó la frontera, al frente de un brillante ejército, iniciando la campaña que concluyó desastrosamente para las armas peruanas, el 18 de Noviembre de 1841 en la Batalla Ingavi. La que terminó con la muerte honrosa del soldado Don Agustín Gamarra. Una existencia que se había prolongado por 56 años.

DAVID SAMANEZ OCAMPO

Nació en la provincia de Andahuaylas en 1856. Fue Senador por el departamento de Apurímac (1917-1919) y reelegido en 1920, para ejercer hasta 1924. Por su oposición a los planes reeleccionistas de Leguía, fue apresado y desterrado, en 1923. Al volver de su destierro nuevamente surgió a la vida pública asumiendo la Presidencia de una Junta de Gobierno constituída en Arequipa en Febrero de 1931. Promulgó un Estatuto Electoral, en el que se estableció el voto secreto y obligatorio. Este destacado político fue Presidente de la República durante 10 meses. murió el 13 de Julio de 1947.
Pero las fuerzas militares de Arequipa y Cusco, a órdenes del Coronel Arístides de Cárdenas, marcharon a combatirlo y al ser ocupada Abancay, optó por retirarse y disolver sus huestes. Fue Senador por el departamento de Apurímac (1917-1919) y reelegido en 1920, para ejercer hasta 1924. Por su oposición a los planes reeleccionistas de Leguía, fue apresado y desterrado, en 1923. Cuando volvió, se consagró a la agricultura. Pero, nuevamente surgió a la vida pública, toda vez que la opinión del país fue movilizada por el Teniente Coronel Luis M. Sánchez Cerro. Asumió la Presidencia de una Junta de Gobierno, constituida en Arequipa en Febrero de 1931. Promulgó un Estatuto Electoral, en el que se estableció el voto secreto y obligatorio.
Efectuados los comicios, dejó el poder el 8 de diciembre de 1931 y vivió dedicado al trabajo agrícola. Murió el 13 de Julio de 1947, en Cusco.

CORONEL MARCELINO CARREÑO

La acción constante, principal, heroica, abnegada y decisiva con que nuestros guerrilleros cooperaron al éxito de nuestra campaña libertadora, permanece hasta hoy desconocida, oculta en las honduras de la indiferencia y el olvido. Guerrillas organizadas por San Martín desde su llegada al Perú, a ejemplo de las cuales Sucre y Bolívar quisieron formar las de 1824. Organizadas en partidas, hicieron la guerra del espionaje, la sorpresa, el asalto y la batalla, con tenacidad y audacia; eran infatigables centauros en las cuestas, desfiladeros, escabrosidades y laderas de la sierra.
Desde 1821 y durante la campaña libertadora hostilizaron al enemigo por todos los lados, en sus marchas y campamentos, desmoralizando a las tropas, provocando la deserción en sus filas, asaltando su caballería y acémilas, quebrantando su poder militar. El espionaje suministraba al ejército Libertador en todo instante conocimiento exacto de las posiciones, movimientos y efectivos de las tropas realistas ocupantes del territorio; los guerrilleros preparaban las batallas, reduciendo al enemigo al mínimo de su ofensiva y eficacia. Bolívar dispuso que algunas partidas de montoneros y guerrilleros, a cuya cabeza se encontraban intrépidos jefes, marchaban sobre las huellas de los realistas con la misión de hostilizarlos.
Así , en 1823 operaban en Apurímac, el guerrillero Manuel Bustamante, Comandante de los “Lanceros de Collpa”, y el Sargento Mayor J. Irasusta, Comandante de las guerrillas de Curahuasi. En el año 1824 el Coronel Guerrillero Marcelino Carreño se encontraba en Curahuasi y controlaba la zona comprendida entre Abancay y el Río Apurímac. Prácticamente estos guerrilleros se convirtieron en los padres de nuestra Patria chica – Curahuasi.
Este montonero cuya lengua materna era el quechua, que estuvo en Curahuasi en 1824, según investigaciones realizadas por Mariano Felipe Paz Soldán, así como por Francisco Javier Mariátegui, basada en testimonios de quienes presenciaron los hechos y dieron cuenta escrita de lo que supieron, conocieron o vieron, a la vez; basados también en memorias, relatos y escritos tanto de los viajeros que estuvieron en el Perú como de peruanos que participaron en los acontecimientos, o en los informes militares de los Jefes del Ejército Peruano y del Ejército Colonial ante su Rey, así como sus Partes de Batalla y su correspondencia; cuyos testimonios llevan a firmar que el Coronel Marcelino Carreño participó desde la llegada de San Martín (1820), por quien fue designado.
Realizó sus actividades juntamente que valerosos peruanos de diferentes lugares como: Arequipa empezando por Caravelí; en Ica Chincha; Lima, Cañete; Lucanas, Parinacochas, Huamanga, Marcón, Huánuco, Andahuaylas, Oyón, Huaylas, Huancayo y otros muchos lugares que abarcaba con mucha facilidad por su dominio del quechua. Carreño antes de la Batalla de Ayacucho (noviembre de 1823) estando en Huánuco, fue el primero en romper relaciones con José de la Riva Agüero, al saber que éste se entendía con el enemigo, lo cual comunicó a Bolívar del siguiente modo: “el Regimiento de mi mando, los oficiales y yo, tenemos la fidelidad de estar bajo las órdenes de Vuestra Excelencia”.
El General García Camba, en sus Memorias, dice sobre Carreño, lo siguiente: “Carreño cubría con todos los montoneros del país entre Abancay y el Apurímac”. El fantástico guerrillero Marcelino Carreño, tuvo la adhesión resuelta de todas las poblaciones (como Curahuasi), en su obra literaria y de organización. Durante la Batalla de Ayacucho (09 de diciembre de 1924), el General La Mar solicitó a Sucre autorización para lanzar a sus reservas formadas por unos 700 a 900 montoneros a caballo, mandados por el Coronel de guerrillas Marcelino Carreño.
Sucre accedió de inmediato, las montoneras peruanas se formaron en orden de batalla en los declives existentes a la izquierda de la división peruana y cargaron con tremendos bríos; el choque fue de singular violencia, pero la división de los realistas comandada por Valdés se detuvo. Detenido Valdés, el General La Mar pudo organizar sus batallones y lanzarlos al combate, que se tornó reñido, imposibilitando a los coloniales que continuaran su operación de desborde y ataque por la retaguardia. Las montoneras de Carreño quebraron la primera parte del brillante plan de batalla de los realistas; en pago de ello murieron muchos montoneros, entre los cuales se encontraba Carreño. Esta acción heroica de Carreño al detener a Valdés, permitió la victoria peruana en las pampas de Ayacucho.
El Mariscal de campo realista don Jerónimo Valdés, en su informe dirigido al Rey don Fernando VII, sobre los acontecimientos que permitieron la derrota de las fuerzas coloniales, manifiesta que Sucre omitió mencionar al Coronel Marcelino Carreño como el Héroe Máximo de la Batalla de los campos de Ayacucho.
Esta omisión ha dado como resultado la más grande injusticia histórica que sobrepasa a la persona, al propio gran héroe que fue Carreño, porque este gran personaje es uno de los representantes más importantes de los grandes montoneros que tanto lucharon por nuestra Independencia, y que, en definitiva, fueron los que detuvieron al propio Valdés; en este empeño murió Carreño, y Valdés debió haberlo visto caer y por eso reprocha a Sucre el haber eliminado al formidable héroe del Parte de Batalla que confeccionó. Otra omisión de Sucre también estuvo relacionada con el General Gamarra. Sucre en su Parte marginó a los combatientes peruanos resaltando a los extranjeros.
En nuestro país había más de cien jefes montoneros, al mando de más de diez mil soldados regulares, quienes fueron los que nos dieron la libertad. Por todo ello, a todos estos héroes independentistas debemos honrarlos y perennizarlos como se merecen, por su sacrificio y por legarnos una Patria libre.

JUSTO SAHUARAURA

El Arcediano del Cusco, de la nobleza imperial incaica, estudió en el Convictorio de San Bernardo Abad; Doctor en Teología, Cura interino de Cohasa, en Carabaya; Cura Propio por 5 años de la Parroquia de Cocharcas en Antabamba, de donde fue trasladado a Soraya, en la provincia de Aymaraes, por más de 20 años, donde hizo construir 3 iglesias, con su propio peculio. En 1814, ayudó a Pumacahua, en la causa de la Emancipación. Estuvo preso por un año. En 1824, ayudó al ejército Libertador con ingentes cantidades de dinero, tal como lo acreditan los certificados otorgados por el Libertador Antonio de Sucre y el General O´Connor, expedidos en el Cusco.
Tomó parte en la batalla de Ayacucho; en 1825 fue Diputado a la Constituyente; condecorado con la medalla del Libertador y después Canónigo, hasta llegar a la Dignidad de Arcediano en la Catedral del Cusco. Escribió un bosquejo de la Historia de los Incas, impreso en París. Dice Evaristo San Cristóbal, en su Diccionario Histórico Biográfico del Perú: «Como en todos los actos de su vida, fue humilde y callado, poco dicen de él los relatos de la Revolución. La historia lo hubiera olvidado, pero los curatos de Soraya y Chalhuanca, a cada paso lo recuerdan con veneración. De su infancia casi nada se sabe, de su adolescencia muy poco; pero de su heroísmo y decisión, mucho». En suma el Arcediano Sahuaraura, es uno de los destacados y preclaros Próceres de la Independencia del Perú




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